¿A quién sigo?,
¿a un cajón llenos de perlas,
a un árbol sin fruto,
sin hoja, sin madera?
¿A quién sigo?
¿será acaso que mis piernas
cansadas, sucias,
se van colmando de tierra?
Sigo, desesperado sigo,
a filosofías que son letras,
a los aromas de los tulipanes,
al candor de las estrellas,
al brillo triste de la luna,
al río de agua yerta,
al frío, al calor, al viento
y al surco que él nos ondea.
Sigo, en diferentes velocidades,
a los sueños con quimeras
porque son más entretenidos
que los sueños sin sorpresa.
Sigo, enternecido y sosegado
a los que me abren puertas
y a los que hallándolas cerradas
tocan con sutileza
esperando el día y la hora
en que ya se hallen abiertas.
Sigo, bravo y raudo
a las más fieras tormentas
porque van desacomodando
las páginas de mis poemas;
las sigo con vigilancia,
no vaya ser que dentro de ellas
lleven en sus regazos
las sílabas de mis venas.
¿A quién sigo?
sigo con suave alerta
la vida que de mí mismo
se desprende y se regresa.
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